El impresionismo frances El impresionismo musical fue encabezado por el compositor francés Claude Debussy. El movimiento, influido por los pintores foco impresionistas franceses y por la poesía de Paul Verlaine, Charles Baudelaire y Stéphane Mallarmé, acentúa el color tímbrico y el humor en vez de estructuras formales tales como la sonata y la sinfonía. Debussy, que también era crítico musical, enfocó el impresionismo como reacción tanto al interés formal del clasicismo de compositores como Wolfgang Amadeus Mozart o Ludwig van Beethoven y la vehemencia emocional del romanticismo en compositores como Robert Schumann y Franz Schubert. Para la consecución de este fin Debussy combinó elementos innovadores y tradicionales. Por una parte, utilizó la escala de tonos enteros e intervalos complejos que hasta ese momento no se habían utilizado, desde la novena en adelante. También recurrió a los intervalos de cuartas y quinta paralelas propios de la música medieval. Estos recursos técnicos aparecen en el temprano poema sinfónico Preludio a la siesta de un fauno (en el original: Prélude à l'après-midi d'un faune) de 1894, basado en un poema de Mallarmé. La extensa obra pianística de Debussy requirió nuevas técnicas interpretativas, que incluían un generoso pero sensible uso de los pedales para crear un torrente indiferenciado de sonido.
La música impresionista francesa continuó su evolución en la obra de Maurice Ravel. Otros compositores de esta escuela en Francia fueron Paul Dukas, Albert Roussel, Charles Koechlin, Alexis Roland-Manuel, André Caplet y Florent Schmitt.
Al comienzo de la I Guerra Mundial en 1914 el gran refinamiento, así como las limitaciones técnicas del impresionismo musical, provocaron críticas adversas de compositores y críticos. Un nuevo grupo de compositores franceses antirrománticos, Les Six (Los Seis), influidos por Erik Satie, satirizaron y rechazaron lo que consideraban excesos de esta corriente. El impresionismo, concebido por Debussy, como tendencia contraria al romanticismo, fue visto como la fase final de la música romántica.
Me despido con Ondina de Gaspar de la noche, interpretada por Martha Argerich:
jueves, 16 de junio de 2011
El preludio de Debussy; uno de los mejores exponentes del impresionismo
Noctámbulo y asiduo a los ambientes de café, de escasos recursos económicos y con variados problemas personales, Claude Debussy atravesó periodos de depresión y otros de auge y notoriedad pública. El progresivo distanciamiento de sus padres o la ruptura de su compromiso con Thérèse Roger (la intérprete que estrenó "La Démoiselle élue" y "Proses lyriques") no impidieron su ritmo de trabajo febril. Así, de 1892 a 1894 datan sus creaciones más reveladoras, todas para orquesta.
Del plan inicial que trazara de preludio, interludio y paráfrasis, sólo subsiste la primera parte en su Preludio a la siesta de un fauno (Prélude à l'après-midi d'un faune en francés), basado en un poema bucólico de Stéphane Mallarmé que también fue ilustrado por el pintor impresionista Manet. Fue estrenado el 22 de diciembre de 1894 en uno de los conciertos de la "Société Nationale de Musique". En 1912, el bailarín ruso Vaslav Nijinski, con el patrocinio del empresario de ballets, Sergéi Diágilev, lo coreografió e interpretó por primera vez en versión para ballet.
Las novedades que la obra presentaba eran muchas. En primer lugar, una orquestación peculiar con sólo 3 flautas, 2 oboes (mutado uno en corno inglés), 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas y dos arpas sumadas a la formación de cuerda. Ni trompetas, ni trombones, ni percusión, nada que le alejara de la sonoridad perseguida, tenue y vaporosa. Destaca además la estructura de la composición: seis partes de longitud desigual dominadas por el solo de flauta inicial (très modéré), que es expuesto luego con una armonización leve y después completa. Una segunda parte presenta un segundo motivo en el oboe y conduce a una atmósfera de mayor animación. Después, en la tercera, clarinete, oboe y cuerda presentan un elemento melódico nuevo, de gran emotividad y lirismo (même mouvement et très sostenu). La cuarta parte retoma el primer tema transformado rítmicamente. Después el tema se reexpone y se esquematiza en una especie de coda final. Por primera vez, Debussy se apartaba totalmente de la estética establecida, de cualquier obligación tonal y toma a su antojo los recursos para expresar esa impresión general que en él dejó el poema de Mallarmé.
Del plan inicial que trazara de preludio, interludio y paráfrasis, sólo subsiste la primera parte en su Preludio a la siesta de un fauno (Prélude à l'après-midi d'un faune en francés), basado en un poema bucólico de Stéphane Mallarmé que también fue ilustrado por el pintor impresionista Manet. Fue estrenado el 22 de diciembre de 1894 en uno de los conciertos de la "Société Nationale de Musique". En 1912, el bailarín ruso Vaslav Nijinski, con el patrocinio del empresario de ballets, Sergéi Diágilev, lo coreografió e interpretó por primera vez en versión para ballet.
Las novedades que la obra presentaba eran muchas. En primer lugar, una orquestación peculiar con sólo 3 flautas, 2 oboes (mutado uno en corno inglés), 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas y dos arpas sumadas a la formación de cuerda. Ni trompetas, ni trombones, ni percusión, nada que le alejara de la sonoridad perseguida, tenue y vaporosa. Destaca además la estructura de la composición: seis partes de longitud desigual dominadas por el solo de flauta inicial (très modéré), que es expuesto luego con una armonización leve y después completa. Una segunda parte presenta un segundo motivo en el oboe y conduce a una atmósfera de mayor animación. Después, en la tercera, clarinete, oboe y cuerda presentan un elemento melódico nuevo, de gran emotividad y lirismo (même mouvement et très sostenu). La cuarta parte retoma el primer tema transformado rítmicamente. Después el tema se reexpone y se esquematiza en una especie de coda final. Por primera vez, Debussy se apartaba totalmente de la estética establecida, de cualquier obligación tonal y toma a su antojo los recursos para expresar esa impresión general que en él dejó el poema de Mallarmé.
Una obra De Faure: la siciliana
Esta piececita, llamada así porque recuerda las canciones de Sicilia, se interpreta usando como solista diferentes instrumentos. En este caso, os la presento con cello.
Músico prolífico que dedicó su vida a la composición y a la docencia. Incardinado en el impresionismo, fue muy amigo de Saint-Säens. Terminó sordo, lo que para un músico debe ser la mayor desgracia.
No se puede oir sólo una vez.
Músico prolífico que dedicó su vida a la composición y a la docencia. Incardinado en el impresionismo, fue muy amigo de Saint-Säens. Terminó sordo, lo que para un músico debe ser la mayor desgracia.
No se puede oir sólo una vez.
Compuesto entre diciembre de 1902 y abril de 1903, y estrenado el 5 de marzo de 1904 por el cuarteto Heyman (en un concierto de la "Société Nationale" en la sala de la Schola Cantorum). Dedicado a su amigo y profesor Gabriel Fauré. Primera edición de Gabriel Astruc en 1904; edición definitiva de Durand en 1910.
El cuarteto no fue bien acogido y obtuvo críticas contrapuestas. Fauré criticó duramente la obra (en especialmente el cuarto movimiento: “atrofiado, mal balanceado; en resumen, un error”). En cambio, Debussy escribió a Ravel en 1905 diciéndole: “En el nombre de la Música y de mí mismo, no se te ocurra cambiar ni una sola nota de tu cuarteto”. Parece ser que el paso del tiempo ha dado la razón a Debussy, pues el cuarteto se ha hecho un hueco entre las obras maestras del género.
Ravel tomó como referencia el cuarteto que escribió Debussy una década antes. El cuarteto sigue estrictamente la clásica estructura en cuatro movimientos. Aunque Ravel tenía tan sólo 28 años cuando lo compuso, en él aparece perfectamente definido el estilo del compositor, con su “precisión de relojero” y sus sonoridades típicamente reconocibles.
Marcel Marnat comenta que “[…] Por su firmeza resuelta y por su luminosidad adolescente, el Cuarteto de Ravel se nos ofrece como uno de los gérmenes de esta revolución inexorable de lo vago al geometrismo, excluyendo, no obstante, esa angulosidad glacial tan característica del arte de 1925. Y este cuidado por ser fluido pero no enrevesado, por ser estable sin ser brutal ni simplista, es el signo de todo un nuevo giro de la vida”. ('Maurice Ravel', 1986)
El propio compositor dijo de su obra: “Mi Cuarteto en Fa Mayor responde a un deseo de construcción musical que indudablemente está realizado inadecuadamente, pero que emerge mucho más claramente que en mis composiciones precedentes”.
Aqui el primer movimiento:
El cuarteto no fue bien acogido y obtuvo críticas contrapuestas. Fauré criticó duramente la obra (en especialmente el cuarto movimiento: “atrofiado, mal balanceado; en resumen, un error”). En cambio, Debussy escribió a Ravel en 1905 diciéndole: “En el nombre de la Música y de mí mismo, no se te ocurra cambiar ni una sola nota de tu cuarteto”. Parece ser que el paso del tiempo ha dado la razón a Debussy, pues el cuarteto se ha hecho un hueco entre las obras maestras del género.
Ravel tomó como referencia el cuarteto que escribió Debussy una década antes. El cuarteto sigue estrictamente la clásica estructura en cuatro movimientos. Aunque Ravel tenía tan sólo 28 años cuando lo compuso, en él aparece perfectamente definido el estilo del compositor, con su “precisión de relojero” y sus sonoridades típicamente reconocibles.
Marcel Marnat comenta que “[…] Por su firmeza resuelta y por su luminosidad adolescente, el Cuarteto de Ravel se nos ofrece como uno de los gérmenes de esta revolución inexorable de lo vago al geometrismo, excluyendo, no obstante, esa angulosidad glacial tan característica del arte de 1925. Y este cuidado por ser fluido pero no enrevesado, por ser estable sin ser brutal ni simplista, es el signo de todo un nuevo giro de la vida”. ('Maurice Ravel', 1986)
El propio compositor dijo de su obra: “Mi Cuarteto en Fa Mayor responde a un deseo de construcción musical que indudablemente está realizado inadecuadamente, pero que emerge mucho más claramente que en mis composiciones precedentes”.
Aqui el primer movimiento:
El premio de Roma; la cruz de Ravel
En composición musical los candidatos, que debían de tener menos de treinta años, se presentaban a las siguientes pruebas:
Prueba preliminar: escribir una fuga.
Concurso de ensayo: escribir una obra para coro sobre un texto dado.
Prueba principal: escribir una cantata sobre un texto dado. Esta prueba, en ciertas épocas, duraba hasta un mes.
Desde principios del siglo XX (a partir de 1903), las pruebas del concurso de Roma se hacían en el Château de Compiègne. Más adelante, se desarrollaron en el Château de Fontainebleau.
En la primera época del concurso, el Primer Gran Premio de Roma consistía en una estancia de hasta cinco años en Roma. Se esperaba la composición de una obra de importancia por año. Desde comienzos del siglo XX, el primer laureado solo residía dos o tres años en la Villa Médicis. Dependiendo de los años, un segundo o más de un Segundo Premio eran concedidos, beneficiándose el «primer Segundo Premio» de una estancia de menor duración en Roma.
Hector Berlioz, que obtuvo en 1830, no sin esfuerzos, un Primer Gran Premio, fue el primero en criticar seriamente el Premio de Roma, principalmente denunciando la competencia del jurado: de un total de 40 miembros ¡solamente 5 músicos! Sobre ello se extiende largamente en sus memorias. Y en un pasado más reciente, se recuerda que «Maurice Ravel no consiguió nunca el Premio de Roma». Es una media verdad que contribuye incluso hoy a desprestigiar el premio, con la idea de que las pruebas intelectuales o los concursos conducen muchas veces a recompensas injustas, o que simplemente son insanos por naturaleza (salvo en el deporte, naturalmente).
De hecho, tras varias tentativas, Ravel obtuvo un «segundo Segundo Premio». Sabiendo quienes son los jurados, incluso aunque no fueran académicos, indignarse por este tercer puesto de Ravel es como indignarse hoy del segundo premio concedido en Polonia a David Óistraj en el «Concurso internacional Wieniawsky». Lo gano la joven y talentosa Ginette Neveu, pero perdió la vida poco después en un accidente de avión, y nadie puede saber que consideración tendría hoy día. Lo que importa recordar, es que todos los Premios de Roma fueron músicos que demostraron una gran maestría en su oficio. Que hayan tenido o no luego una carrera fulgurante como compositores, es otra cuestión.
El orden de distinciones era el siguiente: «primer Primer Gran Premio», «segundo Primer Gran Premio», «primer Segundo Gran Premio», «segundo Segundo Gran Premio» y «Mención». El uso ha sustituido estas formulas un poco pesadas por, simplemente: «Gran Premio» (o Primer Gran Premio) y «segundo Gran Premio»... Además, a partir de los años cuarenta, se acostumbró a no conceder el segundo Primer Gran Premio y no hablar más de «Gran Premio», «primer Segundo Gran Premio» y «segundo Segundo Gran Premio». Desde 1960 la tradicional "Cantata" fue remplazada por un "Poema lírico".
Prueba preliminar: escribir una fuga.
Concurso de ensayo: escribir una obra para coro sobre un texto dado.
Prueba principal: escribir una cantata sobre un texto dado. Esta prueba, en ciertas épocas, duraba hasta un mes.
Desde principios del siglo XX (a partir de 1903), las pruebas del concurso de Roma se hacían en el Château de Compiègne. Más adelante, se desarrollaron en el Château de Fontainebleau.
En la primera época del concurso, el Primer Gran Premio de Roma consistía en una estancia de hasta cinco años en Roma. Se esperaba la composición de una obra de importancia por año. Desde comienzos del siglo XX, el primer laureado solo residía dos o tres años en la Villa Médicis. Dependiendo de los años, un segundo o más de un Segundo Premio eran concedidos, beneficiándose el «primer Segundo Premio» de una estancia de menor duración en Roma.
Hector Berlioz, que obtuvo en 1830, no sin esfuerzos, un Primer Gran Premio, fue el primero en criticar seriamente el Premio de Roma, principalmente denunciando la competencia del jurado: de un total de 40 miembros ¡solamente 5 músicos! Sobre ello se extiende largamente en sus memorias. Y en un pasado más reciente, se recuerda que «Maurice Ravel no consiguió nunca el Premio de Roma». Es una media verdad que contribuye incluso hoy a desprestigiar el premio, con la idea de que las pruebas intelectuales o los concursos conducen muchas veces a recompensas injustas, o que simplemente son insanos por naturaleza (salvo en el deporte, naturalmente).
De hecho, tras varias tentativas, Ravel obtuvo un «segundo Segundo Premio». Sabiendo quienes son los jurados, incluso aunque no fueran académicos, indignarse por este tercer puesto de Ravel es como indignarse hoy del segundo premio concedido en Polonia a David Óistraj en el «Concurso internacional Wieniawsky». Lo gano la joven y talentosa Ginette Neveu, pero perdió la vida poco después en un accidente de avión, y nadie puede saber que consideración tendría hoy día. Lo que importa recordar, es que todos los Premios de Roma fueron músicos que demostraron una gran maestría en su oficio. Que hayan tenido o no luego una carrera fulgurante como compositores, es otra cuestión.
El orden de distinciones era el siguiente: «primer Primer Gran Premio», «segundo Primer Gran Premio», «primer Segundo Gran Premio», «segundo Segundo Gran Premio» y «Mención». El uso ha sustituido estas formulas un poco pesadas por, simplemente: «Gran Premio» (o Primer Gran Premio) y «segundo Gran Premio»... Además, a partir de los años cuarenta, se acostumbró a no conceder el segundo Primer Gran Premio y no hablar más de «Gran Premio», «primer Segundo Gran Premio» y «segundo Segundo Gran Premio». Desde 1960 la tradicional "Cantata" fue remplazada por un "Poema lírico".
Debussy: coetemporaneo de Ravel
(Claude Achille Debussy; St. Germain-en-Laye, 1862 - París, 1918) Compositor francés. Iniciador y máximo representante del llamado impresionismo musical, sus innovaciones armónicas abrieron el camino a las nuevas tendencias musicales del siglo XX.
Ya en su niñez había iniciado el estudio del plano en su hogar; sin embargo, no pensaba entonces en la carrera musical. Fue una antigua discípula de Chopin, la señora Manté de Fleurville, quien intuyó la vocación del muchacho e indujo a sus familiares a cultivarla. De esta forma, Debussy ingresó en 1873 en el Conservatorio de París; allí tuvo por maestros, entre otros, a Lavignac, a Marmontel y, en composición, a Ernest Guiraud.
Concierto en Sol mayor
La obra tiene tres movimientos:
Allegramente
Adagio assai
Presto
La obra comienza súbitamente con el sonido de una fusta (que semeja un golpe de látigo). En las interpretaciones del concierto con un segundo piano que sustituye el papel de la orquesta, se acostumbra a golpear la tapa del teclado del piano, creando un sonido semejante al de la fusta. El solista al piano comienza inmediatamente con un serie de arpeggios floridos en el registro agudo de su instrumento, que le lleva a melodías inspiradas en el jazz, en parte recordando los viajes del compositor por Estados Unidos, incluso hay unas breves citas de uno de los temas del primer cuadro del ballet Petrushka, de Stravinski.
Por ello, tanto el primero como el último movimiento (Allegramente and Presto) están bastante imbuidos de excitantes melodías al estilo del jazz, si bien conservando elementos clásicos. El primer movimiento es una pieza fluida y vivaz con armonías que recuerdan a las futuras de Aaron Copland; para luego finalizar en una estruendosa coda en modo frigio, hecho que caracteriza a Ravel en muchas obras y que lo vinculan de una manera especial con la música popular española. El hermoso y contemplativo segundo movimiento en mi mayor (Adagio assai) muestra el Impresionismo típico de Ravel. Las cadenzas están entre las más difíciles del repertorio. La presentación final del tema en este movimiento incluye un extenso solo de corno inglés en el que el solista al piano, que toca fluidas líneas de fusas, toma un papel secundario. El movimiento final es una pieza virtuosística e increíblemente rápida que emplea muchas melodías balanceadas y ligeras combinadas con otras más poderosas que la hacen una experiencia arriesgada de tocat (y también difícil) El efecto general del concierto es de una obra impresionista bastante impactante, una de las mejores de Ravel.
Aqui el hermoso segundo movimiento:
Allegramente
Adagio assai
Presto
La obra comienza súbitamente con el sonido de una fusta (que semeja un golpe de látigo). En las interpretaciones del concierto con un segundo piano que sustituye el papel de la orquesta, se acostumbra a golpear la tapa del teclado del piano, creando un sonido semejante al de la fusta. El solista al piano comienza inmediatamente con un serie de arpeggios floridos en el registro agudo de su instrumento, que le lleva a melodías inspiradas en el jazz, en parte recordando los viajes del compositor por Estados Unidos, incluso hay unas breves citas de uno de los temas del primer cuadro del ballet Petrushka, de Stravinski.
Por ello, tanto el primero como el último movimiento (Allegramente and Presto) están bastante imbuidos de excitantes melodías al estilo del jazz, si bien conservando elementos clásicos. El primer movimiento es una pieza fluida y vivaz con armonías que recuerdan a las futuras de Aaron Copland; para luego finalizar en una estruendosa coda en modo frigio, hecho que caracteriza a Ravel en muchas obras y que lo vinculan de una manera especial con la música popular española. El hermoso y contemplativo segundo movimiento en mi mayor (Adagio assai) muestra el Impresionismo típico de Ravel. Las cadenzas están entre las más difíciles del repertorio. La presentación final del tema en este movimiento incluye un extenso solo de corno inglés en el que el solista al piano, que toca fluidas líneas de fusas, toma un papel secundario. El movimiento final es una pieza virtuosística e increíblemente rápida que emplea muchas melodías balanceadas y ligeras combinadas con otras más poderosas que la hacen una experiencia arriesgada de tocat (y también difícil) El efecto general del concierto es de una obra impresionista bastante impactante, una de las mejores de Ravel.
Aqui el hermoso segundo movimiento:
El Maestro de Ravel

Compositor y organista francés. Nació en Pamiers Ariège y estudió música en la École Niedermeyer de París con el prestigioso compositor Camille Saint-Säens. Desde 1866 hasta 1905 fue organista de varias iglesias, entre ellas las de St. Sulpice y la Madeleine, en París. En 1896 lo nombraron profesor de composición en el conservatorio de París, y entre 1905 y 1920, se hizo cargo de la dirección. Entre sus alumnos se encuentran los músicos Maurice Ravel, Florent Sehmitt, Jacques Aubert Charles Koechlin, Nadia Boulanger y el compositor rumano Georges Enesco. Junto con Saint-Saëns, Fauré fue defensor de los valores de la música francesa en un tiempo en que la tendencia predominante en Europa era adoptar los resultados y técnicas de la música romántica alemana.
Fauré se inclinó por un sonido más discreto y emotivo, que se enfrentaba con el estilo llamativo de Richard Wagner y sus seguidores. Compuso en los pequeños géneros, en especial canciones y obras cortas para piano. Valoró la lógica de la música y nunca permitió que asociaciones literarias o filosóficas juzgaran o interfirieran en el suave fluir de sus obras, entre las que destacan una balada para piano y orquesta (1881), la suite Peleas y Melisandra (1889), un requiem (1887), los ciclos de canciones La bonne chanson con textos de Paul Verlaine (1891-1892) y L'horizon chimérique (1922) y la ópera Penélope (1913). Escribió además numerosas obras para piano y música de cámara.
jueves, 9 de junio de 2011
El Bolero de Ravel
El Bolero (en francés Boléro) es una obra musical creada por el compositor francés Maurice Ravel en 1928 y estrenada en la Ópera Garnier de París el 28 de noviembre de ese mismo año. Ballet compuesto y dedicado a la bailarina Ida Rubinstein, su inmediato éxito y rápida difusión universal lo convirtieron no solamente en una de las más famosas obras del compositor, sino también en uno de los exponentes de la música del siglo XX.
Movimiento orquestal inspirado en una danza española, se caracteriza por un ritmo y un tempo invariables, con una melodía obsesiva, en do mayor, repetida una y otra vez sin ninguna modificación salvo los efectos orquestales, en un crescendo que, in extremis, se acaba con una modulación a mi mayor y una coda estruendosa.
Pese a que Ravel dijo que consideraba la obra como un simple estudio de orquestación, el Boléro esconde una gran originalidad, y en su versión de concierto ha llegado a ser una de las obras musicales más interpretadas en todo el mundo, al punto de que hasta el año 1993 permanecía en el primer lugar de la clasificación mundial de derechos de la Société des auteurs, compositeurs et éditeurs de musique (SACEM).
Aquí les dejo la versión original:
El arreglo de Andre Rieu, un tanto más corta para quienes se tedian a los minutos:
El arreglo de Frank Zappa:
Sobre Ravel

(Ciboure, Francia, 1875-París, 1937) Compositor francés. Junto a Debussy, con quien se le suele relacionar habitualmente, es el gran representante de la moderna escuela musical francesa. Conocido universalmente por el Bolero, su catálogo, aunque no muy extenso, incluye una serie de obras hasta cierto punto poco conocidas que hablan de un autor complejo, casi misterioso, que evitaba cualquier tipo de confesión en su música. Un autor que concebía su arte como un precioso artificio, un recinto mágico y ficticio alejado de la realidad y las preocupaciones cotidianas. Stravinski lo definió con acierto como «el más perfecto relojero de todos los compositores», y así hay que ver su música: como la obra de un artesano obsesionado por la perfección formal y técnica de su creación.
Nacido en el País Vasco francés, heredó de su padre, ingeniero suizo, su afición por los artilugios mecánicos –cuyos ecos no son difíciles de encontrar en su música– y de su madre, de origen vasco, su atracción por España, fuente de inspiración de muchas de sus páginas. Aunque inició sus estudios musicales a una edad relativamente tardía, cuando contaba siete años, siete más tarde, en 1889, fue admitido en el Conservatorio de París, donde recibió las enseñanzas, entre otros, de Gabriel Fauré.
Discreto pianista, su interés se centró pronto en la composición, campo en el que dio muestras de una gran originalidad desde sus primeros trabajos, como la célebre Pavana para una infanta difunta, si bien en ellos es todavía perceptible la huella de su maestro Fauré y de músicos como Chabrier y Satie. La audición del Prélude à l’après-midi d’un faune, de Debussy, marcó sus composiciones inmediatamente posteriores, como el ciclo de poemas Schéhérazade, aunque pronto se apartó de influencias ajenas y encontró su propia vía de expresión.
En 1901 se presentó al Gran Premio de Roma, cuya obtención era garantía de la consagración oficial del ganador. Logró el segundo premio con una cantata titulada Myrrha, escrita en un estilo que buscaba adaptarse a los gustos conservadores del jurado y que para nada se correspondía con el que Ravel exploraba en obras como la pianística Jeux d’eau, en la que arrancaba del registro agudo del piano nuevas sonoridades. Participó otras tres veces, en 1902, 1903 y 1905, sin conseguir nunca el preciado galardón. La última de ellas, en la que fue eliminado en las pruebas previas, provocó un escándalo en la prensa que incluso le costó el cargo al director del Conservatorio.
Y os dejo la impresionante obra para piano ''Jeux d'eau'' interpretada por la gran Martha:
Daphnis et Chloe
Os dejo aquí un video con la pieza más conocida de la sublime suite del compositor Maurice Ravel, a quien este blog va dedicado. Destaca, como siempre, los colores, las texturas y la exquisita orquestación que son tan propias de él.
Dirige el conductor, quizás más conocido como pianista, Vladimir Ashkenazy.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)